A propósito de la Semana Mundial de la Lactancia Materna (1-7 agosto), quiero contar una historia feliz de lactancia y trabajo en casa.
Una de mis historias más felices ha sido ver terminado el libro Relatos de Lactancia
Al final del año pasado, me había propuesto hacer un recurso sobre lactancia, pero sin ser experta en el tema, no tenía claro cómo lo iba a lograr.
De pronto, un día mi hijo de entonces 4 años, todavía amamantado, me dijo que él también quería escribir un libro.
- Un libro de qué?
- De la leche

A pesar de que Carlos todavía no sabe escribir, decidí darle ánimos en su propuesta y ayudarle a culminar esta idea, que también era mía (no se lo había comentado, pero suele suceder).
La experiencia fue lindísima. Pedimos la participación de otras mamás, Carlos grabó una “cuña”, recortó y repartió volantes, y la edición del libro tuvo la ayuda de varias madres. Hubo mucho trabajo al final, y me costó un par de noches leyendo, editando y volviendo a leer las historias de las mamás, pero fue una de las tareas más satisfactorias de mis años trabajando en casa.
El libro lo terminamos para antes del segundo domingo de mayo, el Día de la Madre en Ecuador y en muchos otros países. Muchas mamás me escribieron contándome cómo se sentían identificadas con estas historias, y todo este intercambio lo recuerdo con mucha alegría.
Creo que no existe una mamá que amamante por más de 5 años que no se convierta automáticamente en activista de lactancia. A mí me pasó, y por supuesto ha sido una alegría haber incluído en mi trabajo un tema tan cercano y tan querido para mí: la Lactancia Materna.
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